
Desde el Eternauta al Papa Francisco : “Nadie se Salva Solo”.
EL Cronista de la Realidad Imperfecta
“En una gran ciudad donde reina la libertad… un jugador de ajedrez compulsivo frente a la pantalla de su notebook desafía incansablemente a los posibles contrincantes. Cuando de pronto se corta la luz y empieza a caer piedras del cielo. El pronóstico no daba probabilidad de tormentas, pero el tiempo como la vida es imprevisible. Se asoma a la ventana de su cuarto y no ve un alma en la calle. Todo desolado y a oscuras. En su interior, piensa que no será un ataque de las fuerzas del más allá. De pronto, luces extrañas de colores iluminan el cielo, la piedra no cesa y cada vez son más grandes que empiezan a romper todo lo que encuentra. Nuestro héroe solitario se aísla y se esconde en su bunker, algún día pasará..."
Quizás ese puede ser el relato del “eterlibertario”. Las historias se cuentan del lado de la grieta donde uno se encuentre. Vivimos en un mundo donde cada vez es muy fuerte la idea del sálvese quien pueda, a menudo asociada al liberalismo clásico, a la libertad individual, a casi nula injerencia del estado, que todo fluya por las leyes del mercado. Donde las personas son un número, no de carne y huesos. Donde prevalece más que cierren los números en un Excel, que la empatía para quienes son los sectores más desposeídos de la sociedad. ¿Y ahora quién podrá salvarnos?
Sin duda, el fenómeno del “Eternauta” en su versión de serie en Netflix nos trae a la reflexión sobre nuestra historia, presente y futuro.
“El eternauta es una historieta argentina seriada de ciencia ficción creada por el guionista Héctor Germán Oesterheld (1919-desaparecido por la dictadura militar argentina en 1977[]) y el dibujante Francisco Solano López (1928-2011). Publicada en Hora Cero Semanal desde 1957 hasta 1959, tuvo cantidad de secuelas y reediciones.
La trama se centra en una invasión alienígena a la Tierra mediante una tormenta de nieve tóxica que acaba con la mayor parte de la población, y la resistencia de supervivientes en Buenos Aires. Su protagonista es Juan Salvo, el eternauta, quien en un ejercicio de metaficción narra lo sucedido ante Oesterheld.
La historieta es considerada entre las más importantes del país y de Latinoamérica. Su edición de 2015 de Fantagraphics Books para Estados Unidos obtuvo tres nominaciones a los Premios Eisner y ganó en la categoría Mejor colección o proyecto de archivo de tiras de prensa”. Wikipedia
Este héroe traído de la historieta nos interpela sobre los vientos fuertes de las corrientes que circulan en nuestras sociedades. Su mensaje “que nadie se salve solo”, que la salida es colectiva y con todos adentro. Es muy interesante en este pensamiento repasar algunas figuras históricas que tomaron este pensamiento no solamente como fuerza de declaratoria, sino en la acción. Alguien decía “mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar”.
Es muy interesante ver también la toma de decisión de “ir para un lado y no otro”, donde ese lado quizás no sea el más cómodo como el transitar por las anchas avenidas, sino por los caminos más sinuosos y poco transitados. El saber que el momento, el contexto y la historia de esa determinación era la correcta no solo para uno sino para todos. El pensar en comunidad, el que “nadie se salva solo” toma más fuerza.

La figura que nos remite a ese pensamiento es la acción y obra del Papa Francisco
El cardenal Jorge Bergoglio cuando viajo a Roma en esos días de abril para el conclave para elegir el sucesor de Papa Benedicto XVI que había demitido a seguir siendo el sucesor de Pedro. Se despidió de todos sin saber que no iba a regresar a su patria y que iba ser el elegido para llevar adelante el destino de la Iglesia Católica.
Su pontificado, desde aquel momento, se ha convertido en una voz potente y a menudo incómoda en el panorama global, particularmente por su clara postura crítica frente a los excesos de las teorías de libre mercado despojadas de ética social. El Papa Francisco no arremete contra el concepto de mercado en sí mismo, sino contra una lógica que lo absolutiza y lo convierte en el único regulador de la vida social y económica. Habla de una "economía que mata", refiriéndose a un sistema donde la especulación financiera, la búsqueda desenfrenada de lucro y la lógica de la eficiencia a ultranza se imponen por encima de la dignidad de las personas, especialmente de los más vulnerables.
Esta visión choca de frente con la idea del "sálvese quien pueda" que mencionábamos al inicio. Para Francisco, una sociedad que permite que vastos sectores de su población sean descartados, marginados o considerados prescindibles por no ser "productivos" o "rentables" es una sociedad enferma, una "cultura del descarte". ¿Acaso no resuena esto con la desolación de Buenos Aires bajo la nieve mortal de "El Eternauta", donde solo aquellos que logran agruparse y cooperar tienen una mínima posibilidad de supervivencia?
"El Eternauta" nos muestra de forma cruda lo que sucede cuando el andamiaje social se derrumba y la lógica individualista se revela estéril ante una amenaza que no discrimina. Juan Salvo y su grupo de vecinos no sobreviven por ser los más fuertes en una competencia despiadada, sino por su capacidad de organización, solidaridad y sacrificio mutuo. Fabrican juntos los trajes protectores, comparten el escaso alimento, se defienden espalda con espalda de las criaturas y los "hombres-robot" controlados por la inteligencia invasora. El héroe no es un individuo solitario y autosuficiente que resuelve todo por sí mismo; el verdadero héroe es el colectivo, la comunidad que se reconstruye a partir de la adversidad. "Nadie se salva solo" se convierte no en un eslogan, sino en la única estrategia viable para la existencia.

Imagen del Eternauta pintada en espacio de la memoria ex ESMA
Contrastemos esta realidad de ficción, cargada de simbolismo, con la utopía (o distopía, según se mire) de un "eterlibertario" encerrado en su búnker, confiando en que "algún día pasará". Este personaje, caricatura del individualismo extremo que a veces se asocia a las vivencias más radicales del liberalismo, ilustra la fragilidad intrínseca de la soledad ante una crisis que exige una respuesta coordinada y empática. Una sociedad donde prevalece el cierre de los números en un Excel por encima de la empatía hacia los desposeídos, como bien señalas, es una sociedad que se desarma desde adentro incluso antes de que caiga la primera "piedra" de la catástrofe.
El Papa Francisco, desde su rol de líder espiritual, nos recuerda que la economía debe estar al servicio de la persona, y no al revés. Aboga por una mayor injerencia de la política –entendida como la búsqueda del bien común– para regular las fuerzas del mercado y asegurar que no generen más desigualdad y sufrimiento. Propone una economía social y solidaria que valore el trabajo digno, proteja a los más débiles y ponga la creación de riqueza al servicio del desarrollo humano integral. Esta visión sintoniza poderosamente con el mensaje de "El Eternauta", donde la "economía" de la supervivencia se basa en la distribución equitativa de los recursos escasos (alimento, protección, armas improvisadas) y en la priorización de la vida del grupo por encima del acaparamiento individual.
En esencia, tanto la historieta de Oesterheld como el magisterio social de Francisco nos interpelan sobre una misma verdad fundamental: la interdependencia humana es ineludible. Ante las grandes crisis, ya sean una nevada mortal o las complejas problemáticas sociales y económicas de nuestro tiempo, la respuesta no puede ser el repliegue individualista o la confianza ciega en mecanismos de mercado sin contrapesos éticos y sociales. La única salida real y humana es colectiva, basada en la solidaridad, la organización comunitaria y la firme determinación de que, pase lo que pase, "nadie se salve solo".
La reaparición de "El Eternauta" en el escenario mediático actual no es casual. Nos invita a reflexionar sobre los vientos que corren, sobre las narrativas que nos proponen y sobre la necesidad imperiosa de recordar las lecciones de nuestra propia historia y de obras que, como la de Oesterheld, se adelantaron a su tiempo para gritarnos una verdad esencial: la humanidad se salva (o se pierde) unida. Y en ese grito, resuena fuerte y clara la voz del Papa Francisco, recordándonos que la fraternidad no es una utopía lejana, sino una necesidad urgente para construir un futuro más justo y humano.
El Cronista de la realidad imperfecta.