
¿Mambrú se va a la guerra?
El Cronista de la Realidad Imperfecta
Javier Milei rompe con décadas de diplomacia argentina y se alinea sin matices con Israel en el conflicto de Medio Oriente. En nombre de la libertad, nos mete en una guerra que no es nuestra. Ya vivimos algo parecido en los '90. ¿Estamos dispuestos a repetirlo?. Dejavu recargado?
Javier Milei parece haber decidido jugar a la guerra. No una guerra propia, no una que concierne directamente a los intereses de la Argentina, sino una ajena, lejana y devastadora. El alineamiento total con el Estado de Israel —en el momento más cruento de su ofensiva sobre Gaza— no sólo marca un quiebre con la política exterior tradicional del país, sino que nos arrastra a un conflicto que no nos pertenece. O peor: nos convierte en blanco.
La visita de Milei a Israel en febrero de 2024, donde se fotografió con Netanyahu y anunció la apertura de una embajada argentina en Jerusalén (una movida que solo comparten un puñado de países alineados con Trump), fue mucho más que un gesto diplomático. Fue una declaración ideológica. El 31 de mayo de 2024, el gobierno rompió relaciones con el Estado de Palestina, ignorando décadas de política exterior argentina basada en la solución de los dos Estados.
No es la primera vez que Argentina se entrega con entusiasmo a los brazos del llamado “Occidente”. Carlos Menem lo hizo en los años noventa, con las tristemente célebres “relaciones carnales”. En 1991 envió dos buques a la Guerra del Golfo como parte de la coalición encabezada por Estados Unidos. Un año después, en 1992, la Embajada de Israel en Buenos Aires fue volada con un coche bomba (29 muertos). En 1994, la AMIA fue blanco de otro atentado terrorista (85 muertos). La justicia argentina y organismos internacionales apuntaron a la conexión con Irán y Hezbollah, pero las hipótesis sobre represalias por el alineamiento argentino no fueron descartadas por analistas diplomáticos ni por servicios de inteligencia.
Quisimos ser parte de un juego de mayores, y nos costó sangre. La historia no se repite, pero rima.
Hoy Milei repite ese libreto, pero sin matices ni inteligencia estratégica. Su gobierno no solo rompió relaciones con Palestina, sino que se ha transformado en un aliado incondicional de Israel, incluso cuando la comunidad internacional denuncia bombardeos indiscriminados y posibles crímenes de guerra. El 24 de mayo de 2024, la Corte Internacional de Justicia ordenó a Israel detener su ofensiva en Rafah. Milei no solo no condenó la acción militar, sino que defendió públicamente a Netanyahu, a quien llama “líder del mundo libre”.
Mientras tanto, el Presidente se emociona en el Muro de los Lamentos mientras se multiplican los cadáveres infantiles en Gaza. Habla de valores morales, pero hace geopolítica servil.
Y lo más grave no es solo el gesto diplomático. Es el riesgo. En política internacional no existen los actos inocentes. Ser un peón incondicional de una potencia en guerra —con ramificaciones globales, con enemigos con presencia en todo el mundo— puede tener consecuencias concretas. La historia reciente de nuestro país debería bastar para entenderlo.
Argentina supo construir una diplomacia equilibrada, respetuosa del derecho internacional, promotora de la paz. Reconoció al Estado Palestino en 2010, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. En 2011, la ONU otorgó a Palestina el estatus de Estado observador, con el voto afirmativo de Argentina. Esa tradición ha sido arrojada por la borda en nombre de una “libertad” que no es otra cosa que obediencia ideológica o inconsciente.
Y entonces la pregunta es inevitable: ¿los votantes de Milei querían esto? ¿Están dispuestos a que el país sea arrastrado a una guerra ajena, a pagar un precio imprevisible por una postura que no defiende ningún interés nacional concreto? ¿Qué tiene que ver todo esto con la inflación, la pobreza, los salarios, la vida diaria?
Si “Mambrú” quiere ir a la guerra…. Anda “fiera” nadie te detiene. Pero no es un juego de niños y el que paga no es él: somos todos, Como muchas de otras acciones que están llevando a cabo como el feroz endeudamiento. Argentina siempre en sus posiciones diplomáticas estuvo con una posición neutral en favor de buscar la paz y el entendimiento de los pueblos a través del diálogo. Es imprescindible seguir apostando a la paz y la armonía entre los pueblos. A palabras del Papa Francisco “la guerra siempre es una derrota” donde perdemos todos, apostemos siempre a la paz.
El cronista de la realidad imperfecta.