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“Educación de Adultos: Un Portal que se abre para volverte a ilusionar”

Por Edgar Zenere

“Educación de Adultos: Un Portal que se abre para volverte a ilusionar”

Por Edgar Zenere

“La chicharra de la fábrica sonó con un ruido áspero, marcando el fin del turno de la tarde. Ricardo se quitó el overol manchado de grasa y se sintió diez años más viejo de los veinticinco que marcaba su DNI. Había dejado la escuela secundaria a los diecisiete, cuando las necesidades económicas de su casa se hicieron tan grandes que el cuaderno se sintió un lujo inalcanzable.

Ocho años después, su vida era una monótona rutina: del trabajo a casa, de casa al trabajo. Ganaba lo justo para ayudar a su familia, pero cada vez que veía un anuncio de becas o carreras universitarias, un hueco se le abría en el estómago, un hueco que se llamaba "oportunidad perdida".

Una noche, mientras su hermana menor, Lucía, le pedía ayuda con una tarea de historia, ella le preguntó con la inocencia de sus quince años: —Richi, ¿por qué no terminaste el secundario? Sabes tanto...

El silencio que siguió a esa pregunta fue más pesado que cualquier pieza que hubiera cargado en la fábrica. Esa noche, Ricardo se quedó despierto. Miró el carnet de la fábrica: "Operario de Producción". Quería que dijera algo más. Quería más para sí mismo.

A la mañana siguiente, tomó una decisión. Con los nervios a flor de piel, llamó a una escuela nocturna. Le explicaron los horarios, los requisitos y le advirtieron: no iba a ser fácil.

La primera semana fue un infierno de cansancio. A las cinco de la tarde salía de la fábrica, corría a casa, se duchaba, comía algo rápido y a las siete y media ya estaba sentado en un pupitre que le quedaba pequeño, con el olor a solvente de la fábrica aún impregnado en su ropa.

Sus compañeros eran variados: una señora de cincuenta años que quería terminar su deuda pendiente, un joven que había sido padre y buscaba un ascenso, y él, Ricardo, el operario que luchaba contra el sueño y el óxido de su memoria.

Las clases de Matemáticas eran un muro. La profesora, una mujer con paciencia de santo, veía el esfuerzo en sus ojos inyectados en sangre. Ricardo se quedaba en los recreos pidiendo explicaciones adicionales. En lugar de mirar televisión al llegar a casa, se sentaba en la mesa de la cocina, con un termo de café aguado, descifrando ecuaciones hasta las dos de la mañana.

Los meses se convirtieron en años. Hubo momentos en que quiso tirar la toalla. Una vez, un examen de Química le salió tan mal que pensó que era inútil. "Esto no es para mí", murmuró, golpeando la carpeta.

Pero entonces recordó el rostro de su hermana Lucía, el orgullo silencioso de sus padres, y, sobre todo, recordó ese vacío que lo había impulsado a empezar. El camino se hizo menos solitario gracias a sus compañeros nocturnos. Se apoyaban, se pasaban apuntes y se daban ánimos en las semanas de exámenes.

Finalmente, llegó la última entrega. El último examen de Literatura. Ricardo entregó la hoja, sintiendo que no solo dejaba un papel sobre el escritorio, sino también un peso de ocho años.

Tres días después, el teléfono sonó. Era la directora. —Ricardo... ¡Felicidades! Terminaste. Las lágrimas le mojaron la cara, un tipo que había pasado años levantando piezas pesadas no podía creer lo liviano que se sentía su cuerpo en ese momento. La ceremonia de graduación fue sencilla, pero para Ricardo, fue la más importante. Llevaba el diploma enmarcado bajo el brazo. Era mucho más que un papel; era la prueba tangible de que el esfuerzo constante vence a la inercia. Poco después, tomó sus ahorros y, gracias a las notas que había conseguido con esfuerzo en el nocturno, pudo ir a estudiar a la Universidad Nacional. No aspiraba a ser operario de por vida; quería ser ingeniero.

La primera clase de la carrera fue abrumadora, pero a diferencia de hace ocho años, Ricardo ya no tenía miedo. Había aprendido que la disciplina y la perseverancia eran sus herramientas más poderosas. Miró a su alrededor. Estaba cansado, claro, el estudio se sumaba a su trabajo en la fábrica (que aún mantenía a media jornada), pero una sonrisa de satisfacción cruzó su rostro. El eco de esa decisión, tomada una noche de insomnio, lo había llevado justo a donde quería estar.

El secundario nocturno no solo le había dado un título, sino la convicción de que nunca es tarde para reescribir la propia historia”.

La historia de Ricardo puede sin duda puede ser algunas de las tantas historias que transitan el Colegio Nº3 “Tomás Baras” de Adultos. Son “pequeños héroes” que alguna vez por las cosas de la vida dejaron el secundario. Ya de grandes, algunos con trabajo y familia quieren volver a terminar lo que dejaron inconcluso. Para poder mejorar su expectativa de futuro, nunca es tarde y muchas de las historias que se viven en sus aulas son fiel testimonio que nunca es tarde cuando se tiene actitud y ganas de progresar.

La Asesora Pedagógica del Colegio Nº3 “Tomás Baras” Prof. Paola Busto Lujan sobre la nueva orientación de la escuela y la forma de trabajo señalo "La escuela ha modificado su plan de estudios a la Orientación Perito en Ciencias Sociales, en conformidad con la nueva Resolución 002 del diseño curricular de la Educación Permanente de Jóvenes y Adultos. Recibimos a estudiantes adultos a partir de 18 años. La metodología de enseñanza se centra en el trabajo por proyectos interdisciplinarios que se desarrollan cuatrimestralmente. Los ejes temáticos de los módulos de estudio son: 

  • Primer Año: Las relaciones asimétricas de género y su incidencia en la construcción de identidades
  • Segundo y Tercer Año: El Mundo del Trabajo y las nuevas configuraciones laborales.

 En estos días hay una actividad muy importante “Invitamos a la comunidad a nuestra Jornada de Puertas Abiertas de Educación de Adultos el día 27 de noviembre a las 20:00 horas, coincidiendo con el Día de la Educación de Adultos. Presentaremos un total de 11 proyectos interdisciplinarios elaborados por nuestros estudiantes, organizados por curso:

  • Primer Año (Identidad y Comunicación): Proyectos audiovisuales (TikTok, videos, uso de plataformas virtuales) y maquetas/stands informativos sobre Identidad de Género y Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS).
  • Segundo Año (Microemprendimientos y Trabajo Autónomo): Presentaciones sobre el mundo del trabajo y la creación de microemprendimientos con un enfoque en el trabajo autónomo y la concientización ambiental:
    • Horno Solidario: Realización de un horno ecológico en convenio con la Escuela Manuel Belgrano, utilizando donaciones. Se ofrecerá una degustación de pizzas (trabajando la lógica del trueque).
    • Emprendimientos Artesanales: Amigurumis, tejidos y jabones artesanales, con desarrollo de marca y presencia en redes (Instagram).
    • Concientización Ambiental: Elaboración de productos con materiales reciclados (chapitas, plásticos) para el cuidado del planeta.
  • Tercer Año (Poder Comunicacional): Proyectos enfocados en el poder comunicacional a través de la creación de plataformas virtuales, portales de noticias, diarios, revistas y videos de TikTok.

Todos los proyectos reflejan el trabajo interdisciplinario de las distintas áreas de la escuela."

Sobre la evaluación de proyectos señalo “ Con respecto a la evaluación, se propone una evaluación formativa, una evaluación colegiada entre todos los docentes, los estudiantes con respecto al cuatrimestre van entregando ciertas cuestiones que tienen que ver con el proyecto, se va evaluando el proceso, lo formativo, y al último hacen la divulgación del proyecto, o sea que esta es una instancia evaluativa, más allá de que se presente el resultado, lo que el docente debe evaluar, los docentes deben evaluar el proceso que ha hecho el estudiante y se evalúa las capacidades, o sea, el aprender a hacer, que es por capacidades. Con respecto a la evaluación, los docentes se juntan y evalúan a cada estudiante su proceso”.

Finalmente, sobre esta modalidad de trabajo en proyectos colaborativos y de exposición como les ayuda a los alumnos que retomaron sus estudios secundarios y los prepara para seguir otros estudios, la Asesora Pedagógica de Colegio Nº3 “Tomás Baras” Paola Bustos Lujan dijo que “a mi parecer, como asesora pedagógica de la escuela, creo que a partir de la experiencia de tres años trabajando en la escuela, creo que el trabajo es colaborativo, yo creo que la formación pretende eso, que los chicos puedan investigar, también me parece que es importante para su formación, que puedan investigar, que puedan tener un aprendizaje autónomo, donde los estudiantes pasan a ser parte de ese aprendizaje, no es un aprendizaje donde se pretende una cuestión más tradicional, digamos que el docente impartía su clase y tenían un posicionamiento más pasivo, en este posicionamiento se pretende ser más activo, por eso el estudiante hace, aprende en ese hacer, yo me parece que los beneficia en ese sentido en su formación, y también el hecho de poder hablar, exponer, conversar, el trabajo colaborativo también es otra de las capacidades que se fomenta, y yo creo que también surgen, a partir de estos proyectos, surgen también conflictos, sufren trabajo en dinámicas grupales diferentes, pero también eso tiene que ver con el aprendizaje, y también se basa en, como son estudiantes que ya vienen, muchos de fracasos escolares, me parece que esta nueva alternativa de enseñanza-aprendizaje tiene que ver más con trabajar con la experiencia, la experiencia del estudiante, trabajar en proyectos que a ellos les interesa, que a ellos les gusta, va por esa impronta, y me parece que en su formación de adultos les sirve mucho”.

El timbre suena se va terminando el año…muchas ilusiones volvieron a reescribirse, la educación siempre será esa posibilidad de poder ser quien quieras ser. Es cuestión de animarse…

                                                                                                                                                            

_ (En próximas notas reflejaremos los trabajos y proyectos realizados por los alumnos del Colegio Nº3 “Tomas Baras”)

 

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