El Cronista de la Realidad Imperfecta Escuchar artículo

“El titiritero y el títere: De Trump a Milei la extorsión de la conciencia”

El Cronista de la Realidad Imperfecta

“El titiritero y el títere: De Trump a Milei la extorsión de la conciencia”

El Cronista de la Realidad Imperfecta

 

“En la ciudad de Amnesia, la vida se regía por el Gran Reloj de la plaza. Era un reloj viejo y oxidado, y todos sabían que la élite de los "Ingenieros del Tiempo" lo manipulaba para que unos trabajaran el triple y otros no trabajaran nada. El resentimiento crecía, silencioso, como moho en las paredes.

Un día, apareció un hombre llamado El Caos, un Relojero-Charlatán. No ofrecía arreglar el reloj, sino destruirlo. Subió al pedestal del Gran Reloj, no con herramientas, sino con un megáfono.

"¡Miren su miseria!", gritó. "¡Es culpa de los Ingenieros, los Sabios, los que saben de tiempo! ¡Ellos nos roban las horas! ¡Yo no soy un Ingeniero, yo soy su rabia! ¡Yo soy el Gran Desorden!"

Su voz no tenía lógica, pero tenía fuerza. No ofrecía un plan, solo ofrecía un enemigo. La gente, harta de la injusticia y de la voz mansa de los Ingenieros, escuchó el desahogo. Vio a El Caos romper una manecilla del reloj con un martillo y sintió el placer de la transgresión.

Cuando El Caos fue elegido para custodiar el tiempo, el reloj no dejó de existir. Simplemente, lo puso a marcar las horas de la manera más errática y dolorosa posible, señalando siempre la medianoche, la hora de la crisis perpetua. Y cada vez que alguien protestaba por la nueva y cruel irregularidad, El Caos señalaba el viejo esqueleto oxidado del reloj y gritaba:

"¡Yo no lo hice! ¡El caos es la herencia de los Ingenieros que lo rompieron primero! ¿Preferirían volver a su orden? ¡Yo soy la única opción!"

Y Amnesia, asustada de volver al orden que antes odiaba, aceptó la crueldad del caos como si fuera su única y legítima salvación. Habían cambiado la tiranía del tiempo por la tiranía del miedo”

La fábula de Amnesia no es una alegoría sobre un país en específico, sino un espejo de las democracias occidentales actuales. Describe el fenómeno central en la era de los líderes de ultraderecha: la invasión de la conciencia pública a través de la extorsión del caos. La aceptación de gobiernos con políticas que muchos tildan de "crueles" —como el de Javier Milei en Argentina— y el constante asedio retórico del "caos" de Donald Trump, no son actos aislados, sino manifestaciones gemelas de una nueva forma de dominación política.


1. El Grito Antisistema y la Aceptación de la Crueldad (Milei)

En el caso argentino, la aceptación de un gobierno que aplica medidas de ajuste consideradas extremas se nutre de una profunda crisis de representación y un hartazgo cívico. Milei no fue elegido por la promesa de prosperidad, sino por la promesa de destrucción del sistema fallido. Su "crueldad" económica o su discurso radical son interpretados por sus seguidores no como un fin, sino como una dolorosa pero necesaria cirugía para extirpar la "casta" parasitaria.

Esta adhesión se sostiene en la polarización emocional: el líder de ultraderecha canaliza el resentimiento social hacia un enemigo externo y desvía la mirada de las consecuencias de sus propias políticas. El apoyo, sobre todo juvenil, es una forma de rabia convertida en voto, donde la transgresión y el espectáculo mediático son más importantes que la eficiencia de la gestión. Han cambiado un dolor viejo y constante por uno nuevo, más agudo, pero con la épica de la rebelión.

2. La Extorsión del Caos como Arma Política (Trump)

Donald Trump es, en esencia, el "Ingeniero del Caos" más exitoso de la política moderna. Su estrategia no se basa en ofrecer soluciones estables, sino en mantener a la sociedad en un estado de alerta perpetua. Al igual que el personaje de la fábula, su retórica —llena de amenazas de colapso institucional, profecías de violencia si pierde el poder, y ataques a los pilares democráticos— busca extorsionar la voluntad popular y de las élites.

Esta extorsión tiene dos efectos: moviliza a su base, que lo ve como el único capaz de domar el desorden que él mismo crea, y paraliza a sus opositores, obligándolos a gastar energía respondiendo a cada crisis fabricada en lugar de construir una agenda política. El caos no es un error de Trump, es su herramienta principal para demostrar que sin él, el sistema se desmorona.

3. La Invasión de la Conciencia Digital

La conexión entre estos fenómenos reside en la forma en que los gobiernos de derecha invaden la conciencia: a través del enemigo y la emoción. Utilizan la desinformación (las fake news), las redes sociales y los medios afines para imponer una narrativa donde el miedo y el asco son las únicas emociones políticas legítimas.

Se construye un "otro" —sea la izquierda, el globalismo, la "casta" o la "corrección política"— que es presentado como la única fuente del dolor social. Al sembrar este resentimiento, se socava la capacidad de análisis racional y se promueve una lealtad tribal. La política se convierte en una batalla moral entre el bien absoluto (el líder y su base) y el mal absoluto (el enemigo), eliminando el espacio para el debate democrático y la búsqueda de consensos.

Conclusión

Milei y Trump son síntomas de democracias que han perdido la fe en la lógica y el proceso. Han ocupado el vacío dejado por la ineficacia de los "Ingenieros del Tiempo" tradicionales, ofreciendo una terapia de shock emocional.

La lección de Amnesia es clara: la sociedad puede llegar a aceptar la crueldad y la inestabilidad si percibe que es la única vía para castigar a quienes la llevaron a la miseria. Detrás de los discursos grandilocuentes y las políticas disruptivas, la verdadera estrategia de la nueva derecha radical es simple y peligrosa: mantenernos permanentemente atados al miedo, para que, entre el caos que nos aterroriza y el orden que nos ha decepcionado, elijamos siempre al hombre que nos promete el fin del mundo tal como lo conocimos

Y ahora quien podrá salvarnos???? Continuara…

                                                                                        El Cronista de la Realidad Imperfecta.

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Fuente: El Cronista de la Realidad Imperfecta

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