
La dictadura del calendario y el arte de no concluir nada
Por: El Cronista de la Realidad Imperfecta
Llega esa fecha del año donde parece que el mundo entero se pone de acuerdo para fingir que el tiempo es una línea recta con un final de etapa claro. Las vidrieras se llenan de brillo, las agendas nuevas huelen a promesas y todos nos preguntamos: “¿Qué balance haces del año?”. Como cronista de esta Realidad Imperfecta, mi balance siempre tiene saldo negativo en organización, pero superávit en asombro.
Cerramos un 2025 que se sintió como un déjà vu recargado; un año donde jugamos una partida de ajedrez en la que cada movimiento —aquel famoso zugzwang de abril— parecía llevarnos inevitablemente a un lugar más oscuro. A lo largo de estos meses, nos sentamos frente al televisor de Don Pascual para ver desfilar fantasmas de pizzas y champagne, intentando entender por qué la historia arrastra las patas como un espectro que no se quiere ir.
La paradoja de las Sierras Puntanas
Nuestra provincia, San Luis, no ha sido una isla en este naufragio nacional. Aquí también hemos visto cómo el frío de los números congeló la mesa de muchas familias. Resulta doloroso y desconcertante observar la paradoja que recorre nuestras calles: vecinos que han perdido el empleo, jubilados que ya no alcanzan a pagar sus remedios en las farmacias de la ciudad y trabajadores que ven cómo su sueldo se evapora, pero que, atrapados por la extorsión de la conciencia, eligen seguir apoyando el mismo modelo que los castiga.
Es el triunfo del relato sobre el bolsillo; el éxito de un "caos" planificado que hace que el castigado agradezca el rigor, convencido de que su sacrificio es la ofrenda necesaria para un Dios-Mercado que nunca termina de derramar su gracia sobre los humildes.
El mercado no es Dios
Hay que sacarse las máscaras y llamar a las cosas por su nombre. Nos han querido convencer de que el mercado es una deidad omnipotente ante la cual debemos sacrificarlo todo. Pero se equivocan: el mercado es apenas una variable económica, nunca una brújula moral. Un país —y una provincia— no se construye con planillas de Excel que cierran a costa de vidas que se abren en mil pedazos.
Un país se construye con valores, con instituciones sólidas y con una democracia que sea mucho más que un trámite electoral. La democracia es, ante todo, el derecho a tener derechos. Es el contrato sagrado de que no vamos a dejar a nadie tirado al costado del camino por el simple hecho de que "no sea rentable".
Volver a lo Humano
Es hora de recuperar lo que nos arrebataron: el respeto por el prójimo. El dolor del otro no puede ser un "daño colateral". La verdadera libertad no es la que nos permite pisotear al vecino, sino la que nos permite caminar junto a él.
Basta de crueldad con los jubilados, basta de invisibilizar a los discapacitados y de dejar afuera del sistema a quienes no encajan en la estética de la "productividad". Brindo por un 2026 donde la empatía vuelva a ser el motor de nuestra sociedad. Brindo por la vuelta a lo humano, por el abrazo que protege y por la convicción de que, aunque la realidad sea imperfecta, nuestra lucha por la justicia debe ser innegociable.
Porque un sistema que ignora el dolor humano, no es economía: es barbarie.
Paremos la mano. Miremos al lado. Volvamos a ser humanos y caminar juntos por un mejor porvenir.
El Cronista de la Realidad Imperfecta.