
Mambrú se fue a la guerra (Parte II): La sumisión que nos pone en el mapa del miedo
El Cronista de la Realidad Imperfecta
Mambrú se fue a la guerra (Parte II): La sumisión que nos pone en el mapa del miedo
Si en la primera parte de esta crónica "Mambrú" se iba a la guerra con el destino incierto de una canción infantil, hoy el panorama es mucho más oscuro. Aquella duda de "no sé cuándo vendrá" ha sido reemplazada por una certeza peligrosa: nos están llevando a un conflicto ajeno bajo una bandera de sumisión ideológica que Argentina, por historia y por dolor, debería mirar con mucha más prudencia.
El horror tiene cara de infancia Mientras en los despachos oficiales se habla de "estrategias", la realidad se escribe con escombros. Lo ocurrido en la escuela primaria de niñas en Minab, Irán, debería paralizar el corazón a todos. Entre los restos de lo que fue un aula, quedaron esparcidos los delantales y los libros de chicas que solo querían aprender. ¿Cómo puede un país con nuestra historia de defensa de los derechos humanos avalar, aunque sea por omisión o alineamiento, semejante carnicería? No hay "bien contra el mal" que justifique el bombardeo de un guardapolvo blanco.
El "Presidente más sionista" y la declaración de guerra En su reciente paso por Nueva York, Javier Milei redobló la apuesta. Ante un auditorio en la Universidad Yeshiva, no solo se autoproclamó como "el presidente más sionista del mundo", sino que lanzó una frase que debería encender todas las alarmas en nuestra sociedad alertarrgada: "Irán es el enemigo y vamos a ganar la guerra". Ya no se trata de una alianza comercial; es una declaración de parte en un conflicto milenario y sangriento.
La inmovilidad del silencio: ¿Apatía o rendición? Pero lo más alarmante no es solo el discurso oficial, sino el vacío que lo rodea. Como pueblo, y especialmente como dirigencia política de los más diversos partidos, parecemos sumidos en una inmovilidad pasmosa. Estamos "quedados" ante situaciones de una gravedad institucional extrema.
Cualquier cosa puede ser dicha, cualquier guerra puede ser declarada desde un podio extranjero, y parece que no pasa nada. No es solo apatía; es como si estuviéramos asumiendo la sumisión como el nuevo estado natural de las cosas. La dirigencia política, otrora guardiana de la soberanía, hoy parece espectadora de un incendio que nos envuelve a todos. Si el silencio es salud, este silencio argentino huele a peligro y a muertes. En todo conflicto bélico siempre lo pagan con vidas los inocentes.
El peligro de olvidar las cicatrices Parece que la memoria es corta. Quienes hoy callan olvidan que ya sufrimos los zarpazos del terrorismo internacional en la Embajada de Israel y en la AMIA. Involucrarse activamente en una guerra del otro lado del mundo no es un acto de valentía política, es una irresponsabilidad que nos expone a todos por el simple capricho ideológico de un mandatario ante la mirada inmóvil de quienes deberían poner un límite.
Mambrú ya no se va a la guerra porque no tiene otra opción; ahora Mambrú elige irse, y lo que es peor, nos lleva a todos en la mochila mientras nosotros, quietos, lo dejamos pasar.
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