El Cronista de la Realidad Imperfecta Escuchar artículo

LA ÚLTIMA MISA DE LOS DESARROPADOS: CUANDO LO COLECTIVO CORRE EL VELO DE LOS VOCEROS A SUELDO.

El Cronista de la Realidad Imperfecta.

LA ÚLTIMA MISA DE LOS DESARROPADOS: CUANDO LO COLECTIVO CORRE EL VELO DE LOS VOCEROS A SUELDO.

El Cronista de la Realidad Imperfecta.

A propósito de las misas del fin de semana, el adiós popular al “Dios de los rotos” y los espejos deformantes de la pantalla chica”.
“Vivir solo cuesta vida”, nos grabó a fuego alguna vez. Y este fin de semana, el dolor se volvió ruidoso y profundamente político. La partida de Carlos “El Indio” Solari caló hondo, allí donde las ausencias queman. Pero como sucede con las grandes mitologías de nuestra Patria, el final de su viaje terrenal no se leyó en los obituarios oficiales, sino en el barro, bajo el alerta meteorológica y en un pogo que tuvo sabor a trinchera.
La fecha nos empuja inevitablemente a la reflexión. Acabamos de pasar otro 7 de junio, Día del Periodista, y resulta imposible no hilvanar este presente con aquella columna que escribí hace un año: “El militante de la verdad, versus los voceros a sueldo”. En aquel texto hablábamos del periodismo atrapado en un campo de batalla de espejos deformantes, donde unos buscan reflejar lo que es y otros se empeñan en imponer una narrativa construida para beneficiar al poder. 
Este fin de semana, los voceros a sueldo tuvieron que tragarse sus propios espejos.
El caballo de Troya en la pantalla
La realidad tiene la molesta costumbre de aparecer, incluso cuando nadie la llama. El aparato mediático oficialista y los canales más afines al Gobierno nacional salieron a la calle con el libreto calcado de siempre: buscar el caos, la desorganización, el estigma sobre la masa. Querían mostrar una horda desprolija; querían justificar el frío cálculo burocrático de la Casa Rosada, que horas antes había negado el Palacio del Congreso argumentando "falta de infraestructura o seguridad”
Pero el tiro les salió por la culata. En un giro casi poético de la inmediatez televisiva, la pantalla se les transformó en un caballo de Troya. En vivo y en directo, sin que los cronistas pautados pudieran frenarlo, la verdad de la calle se les coló como nunca: carteles con el grito de "Cristina Libre", remeras que condensaban los "2 mil de la conciencia de Madre", consignas vivas de las Madres de Plaza de Mayo y cantos que brotaban desde el subsuelo de la patria. La narrativa de laboratorio se derritió bajo la lluvia de Avellaneda y Plaza de Mayo.
Detrás de cada bandera, hubo un testimonio del llano que el periodismo de escritorio no puede (o no quiere) comprender.
"Yo no vine a despedir a un músico, vine a defender un refugio", decía un cincuentón con los ojos vidriosos.
"El Indio nos enseñó que aunque no tengamos nada, tenemos la dignidad de no vendernos", sumaba un pibe de veinte años.
La batalla cultural: Lo colectivo sobre el individualismo
Acá es donde el contrapunto político se vuelve una lección histórica. El Gobierno nacional intenta moldearnos bajo la premisa del “sálvese quien pueda", instalando un individualismo feroz donde el otro es un competidor o un enemigo. Nos quieren fragmentados, encerrados en burbujas de apatía para que sea más fácil manipular la opinión pública.
El pueblo que fue a despedir al Indio desnudó esa mentira. Lo que vimos fue el triunfo de la cultura comunitaria, el afianzamiento de lo colectivo como última línea de defensa. Ser ricotero nunca fue solo escuchar canciones; fue compartir el micro, cuidar al que se cae en el pogo, armar una bandera entre diez, sentir el dolor del otro como propio. Es la herencia de una resistencia cultural que se niega a ser domesticada por el mejor postor.
Salga el sol por donde salga
“Ciertas ficciones son el motor de la tierra”, y la de Patricio Rey fue la más hermosa y duradera de nuestra historia. Tras su partida, se supo que sus equipos de sonido quedaron encendidos en su sala de música. Una última orden muda: la música debe seguir sonando.
Para quienes nos aferramos a ser “militantes de la verdad”, a seguir siendo cronistas de una realidad imperfecta, lo acontecido este fin de semana es un faro de honestidad intelectual. Nos demuestra que cuando la realidad es genuina, no hay blindaje mediático ni vocero a sueldo capaz de taparla.
El Indio Solari se fue físicamente, pero nos dejó un tejido humano imbatible. En estos  de neblina, lo colectivo sigue siendo el mapa más fiel para orientarnos. El indio se irá a hacer pogo en alguna nube con muchos de la gente de bien que le antecedieron…
"Fijate de qué lado de la mecha te encontrás"
                                                                                     

El Cronista de la Realidad Imperfecta.

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