El Cronista de la Realidad Imperfecta Escuchar artículo

Episodio 3: El candado invisible sobre la ciencia y las aulas

El Cronista de realidad imperfecta-

Episodio 3: El candado invisible sobre la ciencia y las aulas

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Episodio 3: El candado invisible sobre la ciencia y las aulas


Sofía tiene veinte años y es la primera generación de su familia que pisa la universidad. Su viejo es albañil y su mamá limpia casas; para ellos, verla con los apuntes bajo el brazo en la carrera de Bioquímica es la promesa de que el sacrificio de una vida valió la pena. Pero forjar un futuro en la Argentina de hoy se convirtió en una carrera de obstáculos invisibles. Entre el precio del colectivo que sube todas las semanas, las fotocopias que pasaron a ser un artículo de lujo y el estómago que ruge a mitad de la tarde, la malaria económica la tiene acorralada.
Para peor, cuando Sofía logra vencer el bolsillo y llega a la facultad, la realidad le da otro cachetazo. El aula está helada porque no hay presupuesto para prender las estufas, los laboratorios no tienen los reactivos básicos para las prácticas y los docentes, con salarios
que perforan la línea de la pobreza, decretan un paro más que justificado. Ella entiende el reclamo, lo apoya, pero ve cómo el calendario avanza y los días de clase se pierden en el agua. Sentada en el buffet vacío, Sofía experimenta la forma más moderna de la crueldad estatal: el desguace por goteo.

La jugada del jaque perpetuo

El plan del gobierno nacional no contempla firmar un decreto que diga "Clausúrese la Universidad Pública". Saben que el costo político de poner un candado real en las puertas de la educación y la ciencia sería demasiado alto. Su estrategia es infinitamente más perversa: provocar un cierre por asfixia lenta, muy lenta.
Es una estrategia calcada del ajedrez. En el tablero político actual, las universidades quedaron atrapadas en una posición de encierro absoluto donde cualquier jugada que realicen las lleva a perder.
Si las facultades abren con presupuestos congelados e inflaciones galopantes, funcionan de manera ficticia, vaciadas de calidad, sin luz, sin insumos y con docentes precarizados. El gobierno sonríe y dice que "con menos plata se puede igual".
Si la comunidad universitaria reclama y va al paro para defender sus derechos, las aulas se cierran y los días de clase se pierden. Entonces, el aparato de odio digital —el mismo que analizamos en el primer episodio— se activa para instalar que "los profesores no quieren trabajar" y que "las universidades públicas no sirven".
Es el triunfo del ahogo institucional. Al recortar y podar recursos de forma drástica
el poder empuja a docentes y estudiantes a una pelea desesperada por la subsistencia. Los días perdidos de clase, los cuatrimestres que se caen y la deserción silenciosa de miles de pibes que tienen que dejar los libros para subirse a un auto de aplicación son, en realidad, el cierre encubierto que el gobierno festeja en las sombras.

Desmantelar el mañana


El candado invisible no solo pesa sobre las aulas, también clausura los laboratorios de ciencia. Cuando se desfinancia el Conicet o se suspenden las becas de investigación, lo que se está destruyendo es la soberanía del pensamiento. Un país sin ciencia propia es un país condenado a comprar soluciones afuera, a ser un simple espectador del desarrollo ajeno.
Los pibes y pibas que hoy se ven jaqueados por este sistema no están pidiendo un privilegio; están defendiendo el único trampolín de movilidad social que le queda a la clase media y baja argentina. La universidad pública siempre fue el lugar donde el hijo del obrero podía llegar a ser doctor. Hoy, al asfixiarla económicamente y atacarla desde el atril digital, buscan romper ese puente para siempre.
Escribir el cierre de esta Anatomía del desguace no es un ejercicio de rendición. Conectar el algoritmo de las granjas de bots, la precarización del chofer de aplicación y el aula universitaria a oscuras es la única forma de mostrar que la crueldad es un engranaje completo. Nos quieren separados, cansados y mudos. Pero mientras haya un lápiz que escriba, una pantalla que denuncie o una tiza que resista, la memoria y la crónica seguirán dando la batalla frente a la realidad imperfecta.
Esta serie continuara…
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