
Lo que la motosierra se llevó – Parte 1 Crónica de un desguace a los más débiles
Por: El Cronista de la realidad imperfecta.
Lo que la motosierra se llevó – Parte 1
Crónica de un desguace a los más débiles
En algún lugar de la Argentina, septiembre de 2026
Amanece la ciudad y empieza a tomar su ritmo. Se suceden historias cotidianas de nuestra existencia imperfecta.
Don Raúl se levanta como todas las mañanas a las 7, cumple con su rutina y busca el pastillero para tomar la medicación de la presión. Abre el cajoncito y se da cuenta de que solo le queda una. Mira con honda tristeza cómo, después de trabajar toda una vida, la plata se le va como agua entre los dedos: revisa el saldo de su cuenta, casi no le queda nada y recién es día 10 del mes. Como puede, carga un par de termos y sale a la placita a vender café para juntarse unos pesos.
A pocas cuadras de ahí, en un departamento del sexto piso, Lucía llama insistentemente al transporte asignado que todos los días traslada a su hijo Carlos a las terapias. Cuando se dignan a contestarle, le informan que el servicio está cortado por falta de pago del Gobierno. Se suma que, en el día de ayer, la acompañante escolar de su hijo dejó de prestar servicios porque hace un par de meses que no cobra.
Y en el hospital zonal, un paciente oncológico deambula por los pasillos con una receta en la mano. La droga de alta complejidad que necesita para frenar el avance del tumor no llega porque la burocracia central decidió frenar las compras. Con la doble carga de soportar una terrible enfermedad y el tiempo que se le va —y con ello la vida—, la discontinuidad de su tratamiento se vuelve una condena.
Estas son historias cotidianas que padecen los sectores más vulnerables desde la instalación de la motosierra. Aquella promesa que venía a terminar con la casta y los privilegios de la política mutó en otra cosa. Lo que realmente ocasionó fue un vendaval de ir dejando, poco a poco, a muchos fuera del sistema. Quizás, para algunos precavidos, no se podía esperar mucho de un candidato agitando una motosierra y queriendo cortar cabezas; el problema es que a aquellos a los que se las venía a cortar hoy gozan de muy buena salud.
Detrás de cada escena hay planillas de Excel, recortes presupuestarios y una lógica tan simple como siniestra: hacer que los números cierren cueste lo que cueste, aunque lo que se ajuste sean vidas humanas. Esto es lo más trágico, porque ya no hay vuelta atrás. La cuestión deja de ser un planteo de estilo de gobierno para pasar a ser algo más profundo que tiene ver con lo humano y el dolor del otro.
La motosierra tiene una función muy concreta: es una herramienta mecánica diseñada para cortar madera, especialmente troncos y ramas, permitiendo cortes rápidos y contundentes mediante una cadena dentada que gira a gran velocidad. Y justamente por eso se convirtió en uno de los símbolos políticos más reconocibles de Javier Milei. No representa simplemente la reducción del gasto: representa una determinada concepción ideológica. No se trata de podar algunas ramas, sino de entrar al bosque con el motor encendido. El tema central es a quién se la aplicó, y el árbol se cortó por los más débiles de la sociedad.
Los números del desguace no tardaron en reflejarse en los informes y en la calle:
Jubilados a la intemperie: Uno de los sectores históricamente más castigados. La motosierra les cortó de cuajo hasta el "privilegio suntuoso" de los medicamentos gratis. Con el argumento del superávit fiscal, el gasto de bolsillo de los jubilados en fármacos trepó exponencialmente, mientras las dispensas con receta cayeron drásticamente. La creación de filtros restrictivos y la quita de coberturas para principios activos clave dejaron a los abuelos a la intemperie. El resultado social de este ahogamiento no es solo la pobreza material, sino un deterioro profundo de la salud mental y un aumento dramático en los casos límite de la tercera edad, con registros de muertes por suicidio que encienden alarmas históricas, sumado a haberes magros y un bono congelado desde hace dos años frente a tarifas que suben todos los meses.
La motosierra sobre la discapacidad: El recorte salvaje en las prestaciones, los transportes y los programas de asistencia se complementa con una perversidad administrativa inusitada: la suspensión de pensiones y la exigencia burocrática de revalidar certificados una y otra vez, como si una condición crónica tuviera fecha de vencimiento. Todo esto coronado por escándalos de corrupción y faltantes millonarios en los propios organismos de control, mientras abajo se le quita "el bastón" —metafórica y literalmente— a quienes necesitan el respaldo del Estado para subsistir. A esto se suma la embestida contra las leyes del Congreso. El Parlamento había declarado mediante la Ley 27.793 la Emergencia Nacional en Discapacidad hasta el 31 de diciembre de 2026. El Ejecutivo la vetó por completo (Decreto 534/2025), pero en septiembre de 2025 el Congreso logró un hito histórico al rechazar el veto por amplia mayoría (63 votos en el Senado). Al verse obligado a promulgarla, el Gobierno aplicó una maniobra insólita: la promulgó pero suspendió su ejecución por decreto, exigiendo que el Congreso indique de dónde sacar los fondos, dejándola en letra muerta. No conforme con eso, en el proyecto de Presupuesto metió artículos para desconocer y derogar la norma. Si una emergencia es declarada por ley y no se ejecuta, aparece una pregunta inevitable: ¿qué valor tiene la ley si no se financia? Y cuando se trata de discapacidad, la respuesta no debería medirse solamente en pesos, sino en derechos.
La sentencia a los pacientes oncológicos: Sin duda, el rostro más inhumano de este tornado. Las decisiones administrativas que recortaron miles de millones de pesos en áreas sensibles del Ministerio de Salud y en el Banco de Drogas Oncológicas paralizaron la llegada de tratamientos de alta complejidad. El Gobierno nacional implementó un recorte presupuestario de $5.000 millones para la prevención y tratamiento del cáncer, junto con una reducción de $20.000 millones en medicamentos y tecnología (Decisión Administrativa 20/2026). Organizaciones sanitarias como FESPROSA estimaron que decenas de pacientes en tratamiento o en lista de espera fallecieron de forma prematura debido a la interrupción prolongada de sus esquemas terapéuticos. Esta es la arista más trágica: la motosierra que no solo corta, sino que mata. En los despachos oficiales se naturaliza el abandono con frases tan inmorales como espeluznantes: "total, se va a morir igual".
Todo esto parece una película de terror, pero es crónica pura de nuestra realidad. El hecho más dantesco se vive todos los miércoles en las puertas del Congreso, donde las manifestaciones de jubilados, discapacitados y familiares que protestan por una vida digna se contraponen con fuerzas de seguridad armadas como si fueran a la guerra, reprimiendo a quienes solo reclaman ejercer un derecho constitucional.
La motosierra corta, destroza, tira abajo... Quizás algún día se quede sin combustible.
Cronista de la Realidad Imperfecta.